miércoles, 7 de febrero de 2018

TALLER-2_SÓCRATES
"Yo buscaba —dice Sócrates— una única virtud y encuentro ahora un enjambre. Y, sirviéndome de esta imagen del enjambre, si te pregunto, ¿cuál es la naturaleza de las abejas?, contestarás que hay muchas abejas y de muchas especies. Pero... si te pregunto, ¿qué es aquello por lo cual las abejas no son distintas sino que son todas abejas? ... Y, en lo que respecta a las virtudes, también sucede algo parecido: aunque hay muchas y de muchas especies, en todas resplandece una esencia común por la cual todas son virtudes..."
El valor de Sócrates dentro de la filosofía es incuestionable, para bien o para mal es un punto de referencia en la filosofía antigua, aquel que marcó un antes y un después en el camino filosófico, alguien que influyó profundamente en el quehacer de las ideas...
Sin embargo a pesar de su valor, la vida de este personaje está envuelta entre misterio y realidad, eso porque no llegó ningún escrito que retratase su pensamiento, pues privilegiaba a la discusión sobre la escritura. Por ello la tarea de revelarnos su pensamiento recayó en manos de sus discípulos (Platón y Jenofonte, los más importantes), tarea con el paso del tiempo se les ha criticado, ya que al contraste de uno y otro sobre una misma persona hace que se considere que distorsionaron la imagen del filósofo hasta transformarlo en el modelo de virtud que ahora conocemos. Claro que ese supuesto tiene un sustento psicológico que sirve de atenuante; y es que para cada discípulo las cualidades del maestro fueron valoradas de manera diferente, por lo mismo es que a la hora de describir a Sócrates resulta que aparecen diferentes características en un mismo hombre.
La fuente más importante de información que tenemos sobre Sócrates son los Diálogos de Platón, en los cuales el propio Sócrates es protagonista de varios de ellos. En estos escritos Platón desarrolla perfectamente la forma en que su maestro desenvolvía su método y su pensamiento. El valor de esta obra para comprender a Sócrates es monumental, con todo y que muchos estudiosos consideren que varios de los diálogos (sobre todo los tardíos) ponen en boca de Sócrates teorías del alumno, es decir que Platón aprovecha el peso de su maestro para darle validez a sus propias ideas.
Lo anterior ha puesto de cierta manera en entre dicho qué tanto conocemos de Sócrates y de su filosofía, llegando a preguntarnos incluso si podemos confiar en las fuentes que han rescatado su pensamiento. Esa duda ha generado infinidad de debates, algunos que incluso han llegado al extremo de afirmar que Sócrates no existió, que fue meramente una forma en que diversos filósofos idealizaron el pensamiento ateniense. Claro que es precisamente con el contraste entre las fuentes que se logra descartar esa tesis.

¿Pero entonces quien era Sócrates y que podemos decir de su filosofía?

Sócrates fue un ateniense que vivió en los dos últimos tercios del siglo V a.C. Hijo de un escultor y una comadrona, fue un hombre que sirvió a su patria (se dice que con gran valor) en diversos enfrentamientos bélicos que sacudieron al mundo helénico. Por un tiempo siguió el oficio de su padre hasta que optó por seguir la carrera pedagógica (aunque de forma singular), muy de moda en aquellos tiempos por los sofistas.
La situación política y social que vivía Atenas (y en general toda el mundo helénico) fue propicia para que proliferaran los maestros itinerantes, quienes cobraban altas sumas por instruir a la juventud en conocimientos generales y en retórica. Dado el clima político, era común que los jóvenes y sus padres buscasen la mejor educación para con ello aspirar a los mejores puestos; un poco de barniz cultural con otro tanto de arte discursivo era suficiente para que cualquiera pudiese aspirar al quehacer político.

Muchos sofistas se hicieron de gran fama en aquellos tiempos, claro que su ideal no era la filosofía (salvo contadas excepciones) sino meramente instruir a los hijos de los más ricos, por ello iban de ciudad en ciudad cotizando sus lecciones. Sócrates no siguió ese camino, muy al contrario lo criticó y desafió... Interesado por la filosofía comenzó a estudiar a los filósofos naturalistas, aquellos que buscaban respuestas en lo que les rodeaba. Fue entonces que Sócrates descubrió su verdadera vocación, y siguiéndola logró que la filosofía retornarse al hombre, eso porque en lugar de preguntarse por la existencia, por la esencia o por el ser, como sus antecesores, este filósofo se preguntó por el hombre, comenzó a hacer antropología filosófica.
Ya los filósofos sofistas habían iniciado el camino antropológico en la filosofía, pues la corriente de pensamiento iba en esa dirección, pero fue Sócrates quien transitó cabalmente ese camino e incluso se opuso radicalmente a la tendencia relativista de los sofistas. Porque mientras ellos hablaban de una justicia particular a cada situación o a cada lugar, Sócrates fue más allá y afirmó que si bien existen diversas justicias también existe una “justicia” que las define a todas. De esa característica por los conceptos universales nació su fama de encontrar definiciones a las cosas, fama que el propio Aristóteles le reconoce.

Una frase que define muy bien a la filosofía de Sócrates es esa de: “Conócete a ti mismo”, que aunque estuvo inscrita en el templo de Apolo (en Delfos) se le atribuye al filósofo, pues él aspiraba a que las personas (todos aquellos que encontrase a su paso) buscasen dentro de sí, conociesen su interior, escudriñasen sus pensamientos en busca de la verdad. Fue a raíz de esa inscripción que Sócrates se dio cuenta de una máxime verdad que definiría el rumbo de su pensamiento; “sólo sé que no se nada”, otra frase clave en la filosofía socrática. Conociéndose así mismo el filósofo se dio cuenta que no sabía gran cosa, que estaban errados los que creían saber y que era su misión (encomendada por el Dios) hacerles notar a los otros esa cuestión; tal como lo cuenta en un pasaje de su Apología:

"Querefonte —narra Sócrates, — habiendo ido una vez a Delfos, tuvo la osadía de preguntar al oráculo si había alguien más sabio que yo. Y la Pitia le contestó: «Nadie». Al oír esto yo pensé: ¿Qué quiere decir el Dios?, ¿qué es lo que esconde en sus palabras?, pues tengo la certeza de no ser sabio, ni mucho menos. Entonces, ¿qué quiere decir cuando afirma que soy el más sabio entre los hombres? Y largo tiempo estuve pensando qué era lo que quería decir. Después me puse a indagar. Interpelé a uno de los que pasan por sabios y me dije: ahora voy a desmentir el vaticinio y a mostrar al oráculo que éste es más sabio que yo, aunque él haya dicho que yo lo soy. Pero, al examinarlo, he aquí lo que me ocurrió... Al conversar con él descubría que parecía sí sabio a muchos y sobre todo a sí mismo, pero que no lo era, e intenté demostrarle: «Tú crees ser sabio y no lo eres...» Al irme pensé: en verdad soy más sabio que él pues nadie entre nosotros sabe nada bello y bueno, pero él cree saber y no sabe; yo no sé, pero tampoco creo saber. Y por esta pequeñez parece que soy más sabio: porque no creo saber lo que no sé."
 »
En ese pasaje se aprecia el hecho de que Sócrates a lo largo de su vida apeló a la virtud, pero no simplemente a la virtud moralista (como sostienen algunos de sus críticos) sino a una forma de vida que trasciende y dota a la existencia de significado; una vida más bella, buena y justa.
De la cita también podemos señalar ese ideal del filósofo por cuestionar a todos o más bien a aquel bien dispuesto, según determinase su "daimon", para mostrarle su falta de conocimiento; ello mediante la refutación y la ironía, para luego ya con el espíritu limpio de error comenzar la labor de parto en el sujeto, en un tipo de analogía que el propio Sócrates hacía sobre su misión, similar al trabajo que hace una partera (como su madre) denominado mayéutica, que pasaría a ser el arte de hacer nacer pensamientos.
En cada uno de los diálogos platónicos en los que interviene Sócrates es notorio como el filósofo pretende llegar a un conocimiento mayor del que tiene o parte su interlocutor, le hace preguntas a las cuales cada vez es más complicado responder y es entonces que aparece el espíritu genial de este pensador, que con sus cuestionamientos limpia al espíritu del error en que se encuentran sus interlocutores (como si fuese un médico del alma), algunos responden interesados otros indignados o llenos de dudas, y es que la fama de Sócrates de ser un sembrador de dudas era muy conocida en su ciudad. Él mismo afirmaba que no estaba ahí para resolver cuestiones sino para fomentarlas y que fuese el propio dueño de esa idea o pensamiento quien la resolviese.
El carácter de lucha por la moral y de sembrador dudas hizo que así como fama, Sócrates cosechase enemistades, fue de ahí de donde nacieron las intrigas que lo llevaron a la muerte. Fue acusado de tratar de introducir el culto a otros dioses y de corromper a la juventud, cargos de los cuales se defendió elocuentemente y logró apenas una amonestación monetaria, pero dado su carácter que tendía a exaltar los ánimos en una segunda votación los jueces por mayoría votaron por la pena de muerte, condena que el filósofo cumplió de la misma manera como exhortó a vivir a los hombres; con dignidad y respeto a un bien o poder mayor.
Tomado de:
ACTIVIDAD: LEER EL DOCUMENTO Y HACER UN LISTADO DE TÉRMINOS CON SU SIGNIFICADOS  


martes, 30 de enero de 2018

¿QUÉ ES LA FILOSOFÍA?

Filosofía significa “amor a la sabiduría”. Pues vaya. Seguramente hasta ahora no te has topado con ninguna asignatura a la que se te pide que le tengas cariño. Las matemáticas son matemáticas, no “amor a los números”; no existe la asignatura de “amor a la literatura”, sino simple y llanamente literatura. Y en química se estudia la tabla periódica, sin que a nadie le importe si el estudiante o el químico tienen aprecio por los elementos alcalinos. Nos encontramos ahora con una disciplina que consiste en “amar la sabiduría”. Más bien promete ser lo contrario, y es posible que acabemos odiando a la dichosa sabiduría esa, y nos convirtamos en fobósofos, en lugar de filósofos. Al fin y al cabo, podemos decir, “yo quiero a quien me viene en gana y a lo que me da la gana. ¿Está claro?”. Parece que no ha sido un buen comienzo. Vamos a intentarlo de otra forma. ¿Qué eso de la “Filosofía”? O por lo menos ¿qué es eso de “sabiduría”?, porque no parece fácil que pueda tener ningún aprecio a algo que no conozco en absoluto. ¿Ser filósofo es ser sabio? ¿Es conocer de memoria todas las respuestas que puedan hacer en cualquier concurso de televisión? ¿Ser el rey del trivial? ¿No fallar nunca ninguna pregunta en ningún examen? Basta de preguntas, y vamos a intentar dar alguna respuesta. Podríamos decir que la dichosa Filosofía de la que estamos hablando es algo así como un modo distinto de ver las cosas, una manera diferente de ver la realidad. No como algo normal, sino como algo asombroso, tan asombroso como el mundo de los cuentos, en el que todo es extraordinario y puede uno cruzarse con un conejo que va hablando (como en “Alicia en el país de las maravillas”) o con calabazas que se convierten en carrozas, o... O a lo mejor se descubre que es un mundo de magia, en el que las cosas son así pero podrían ser de otra forma, y no todo el mundo se da cuenta de ello (somos capaces de acostumbrarnos a cualquier cosa), y por eso existen los muggles y los magos (Harry Potter). También cabe que haya quien descubra que a lo mejor las cosas no son tan maravillosas como estamos diciendo, sino que a lo mejor estamos en un mundo que es una trampa, en el que nos están engañando de alguna forma, tal y como descubre el protagonista de Matrix (que reproduce el problema que se plantea ya el Mito de la Caverna, La vida es sueño, Descartes y su “demiurgo maligno”, el de 1984, el de...) Pues bien, tanto unos como otros tienen en común que no se conforman con ver lo que todo el mundo ve, o con verlo como todo el mundo. Son capaces (desde Harry Potter hasta el fulano de Matrix) de “asombrarse” ante la realidad. Lo que para otros es normal, para ellos es asombroso, bien porque sea algo mágico o maravilloso, o bien porque no “se fían” sin más de lo que los demás se fían.

“Pero eso sucede sólo en los cuentos o en las películas." Eso es lo que diría cualquier smugle, o cualquier “conectado a Matrix”. En realidad, todos hemos tenido esta capacidad de asombro en nuestra infancia. Los niños miran todo con asombro, hasta su propio pie. Nada les parece rutinario o aburrido, al menos mientras son suficientemente pequeños. Todo es sorprendente para un niño: un perro, una cafetera, que las cosas se caigan al suelo, una luz... Por eso los niños viven en una continua interrogación (¿por qué esto?, ¿por qué lo otro?) que poco a poco van perdiendo, quizá debido a que siempre se les responde con un “porque sí”, que termina por aburrirles y hacerles creer que las cosas son así porque es de buena educación que sean así. En esa situación sólo resulta asombroso lo aparente Pero no sólo los niños son capaces de asombrarse. Lo propio de los científicos, de los grandes sabios, es mirar con asombro lo que los demás ven y contemplan como lo más natural del mundo. La leyenda de Newton y la manzana es muy ilustrativa al respecto, pues a lo largo de la humanidad miles y miles de manzanas han golpeado a los incautos paseantes que se tumbaban al pie de sus árboles, pero a casi ninguno de ellos se le ocurrió asombrarse ante ese hecho. Pero mientras que la mayoría sólo fue capaz de obtener de ese golpe nada más que un chichón (y una manzana), Newton -según la leyenda- empezó a reflexionar sobre la gravitación universal. Pues bien, esta misma actitud, ese modo de ver las cosas con un asombro que nos lleva a preguntarnos su porqué es algo propio de los filósofos. Es preciso hacer una aclaración importante: no es lo mismo el asombro (a veces también se llama admiración: “quedarse admirado o asombrado de algo”) que el estupor. El asombro es propio de los sabios, de los niños, de artistas, de los que no tienen una mirada rutinaria del mundo; el estupor es lo que define al estúpido. El estupor abunda y el asombro escasea, y hay que saber distinguirlos, pues uno y otro podrían parecer lo mismo a los ojos de muchos. Ambos, el asombro y el estupor se producen ante algo que nos supera, que sentimos que se nos escapa de alguna forma. Cuando estamos asombrados de algo o ante algo nos preguntamos ¿cómo es posible que...? O ¿por qué...? Nos encantaría saber más de lo que estamos viendo, porque sabemos que hay más (como decíamos antes, lo mágico o misterioso que existe en las cosas) y vale la pena descubrirlo. Pero el estupor no tienen nada que ver con esto. El estupefacto se halla igualmente con algo que le supera, que siente que se le escapa; se encuentra boquiabierto ante una pizarra llena de números o de palabras que le resultan ininteligibles... pero no quiere saber nada de eso. Le supera y no le interesa: no hay quien lo entienda. Posiblemente todos hemos estado estupefactos alguna vez (tal vez muchas). Cuando decimos “eso no hay quien lo entienda”, con frecuencia lo que queremos decir es que hemos perdido todo interés o toda esperanza en llegar a entender eso que no entendemos. Nos volvemos sordos a cualquier explicación que nos puedan hacer. Estamos a veces estupefactos en alguna asignatura ante algún tema que no nos ha entrado bien. No nos preguntamos ¿cómo es posible eso?, sino algo así como “muy bien, no lo entiendo: dime qué tengo que poner en el examen, qué operación he de hacer, cuál es el truco....” Y ya está.

Quien está asombrado busca, tiene esperanzas y empeño por encontrar, aunque sea difícil (les lleva a saber más, aunque nunca acaben de saber del todo: de hecho cada vez están más convencidos de que saben menos, pues a medida que avanzan no paran de descubrir cosas asombrosas). El estupefacto no busca, carece de empeño o interés por encontrar y acaba refugiándose en las reglas de lo que sabe hacer, cosas repetitivas que no le planteen problemas. Si no se sale habitualmente del estupor se acaba siendo un estúpido, que es una forma de ignorancia. Se deja de ver que haya algo “extraño” en las cosas: las cosas son así, y ya está: “¡Las manzanas caen al suelo, porque sí, no hay más que averiguar!”, le hubiera dicho un ignorante a Newton. Con frecuencia quien es ignorante desprecia al sabio. El ignorante suele pensar que ya lo sabe todo, o al menos que ya sabe todo lo que vale la pena, y por eso no busca. El verdadero sabio, en cambio, sabe que no sabe: se da cuenta de que es mucho más lo que no sabe, que hay mucho más por saber, y por eso puede seguir buscando. Evidentemente, algo sabe, ya que si no sería un mero ignorante; pero no sabe del todo. Por eso los sabios suelen considerarse filósofos, amantes de la sabiduría. El estúpido o el ignorante tiene a veces la apariencia de “experto”, que en el sentido malo de la expresión es aquel que sabe unas cuantas técnicas y desprecia lo demás. Es más cómodo y se siente más seguro. Nos hemos ido por las ramas. Hasta ahora hemos hablado de que se puede ver el mundo con asombro o con rutina (el estupor acaba en rutina). El asombro es una de los requisitos de la filosofía. Pero no es el único, pues también los físicos, los matemáticos, los historiadores, etc., se asombran y no se llama filosofía estrictamente a lo que ellos hacen. ¿Qué es, pues, lo propio de la Filosofía? La filosofía se caracteriza por dos cosas más: reflexiona (se admira) sobre cualquier aspecto de lo real, incluso sobre toda la realidad en su conjunto, mientras que las otras ciencias se ocupan únicamente de un aspecto de la realidad (la química, la física, etc. se ocupan de un objeto muy concreto cada una de ellas). Y además lo hace desde un punto de vista exclusivamente suyo: las últimas causas. ¿Últimas causas? Se ve que es urgente poner un ejemplo. Vamos a pedir auxilio ¿Qué es lo que, en el fondo soy yo? Esta es una de las preguntas filosóficas por excelencia. Nace de un asombro, de vernos distintos al mundo que nos rodea, a los geranios que tenemos en el balcón, a nuestro querido perro, al microondas... O a lo mejor no somos tan distintos, se nos ocurre pensar, pues al fin y al cabo dicen que todos los seres vivos somos primos más o menos lejanos; y las máquinas son cada vez más perfectas, y estamos hartos de ver películas en las que los robots son iguales o mejores que los humanos. ¿Qué somos? ¿Qué es lo que, en el fondo nos distingue de los demás seres? ¿Cuál es el sentido de nuestra vida? Estamos asombrados, y supongamos que, para no caer en el estupor (¡después de todo lo que hemos dicho!), consultamos a diversos científicos, para que nos orienten desde el punto de vista de su especialidad. ¿Qué somos?

Un químico nos podría decir que para su ciencia no somos más que unos cuantos litros de agua, carbono, potasio, sodio, y 8 algunas cosas por el estilo. La química no nos dice nada más. La medicina responderá que estamos sanos, o bien que somos un paciente aquejado de tal enfermedad; pero está claro que para responder a las preguntas que nos estábamos planteando no basta con decir que somos unos individuos sanos (o que tenemos el colesterol un poco alto), aunque eso sea cierto. Si cayéramos en un laboratorio de física, y se nos sometiera allí a un estudio pormenorizado, el instrumental podría facilitar cierta información acerca de nosotros mismos, como nuestra masa, temperatura, la velocidad de nuestro movimiento, la respuesta de nuestro cuerpo a las radiaciones, etc. Todas estas afirmaciones de las distintas ciencias son ciertas, pero insuficientes. Son ciertas, pues es innegable que estoy sano, peso setenta kilos, tengo una cantidad de sodio en mi cuerpo... Pero yo no soy eso; al menos, no lo soy sin más. Ramón y Cajal lo explicaba diciendo que un beso, que ha sido desde siempre objeto de admiración de poetas y enamorados, médicamente considerado no es más que un intercambio de microbios. Y, efectivamente, un beso es un intercambio de microbios, así como una sonrisa es también un movimiento de los músculos de la cara, pero no es sólo eso, ni fundamentalmente lo es. De hecho, si alguien nos dijera que un beso es un mero intercambio de microbios, o que la sonrisa es un determinado movimiento muscular, sin duda le diríamos que no ha entendido nada de lo que en último término son esas realidades, aun cuando las haya estudiado con mucho rigor científico. En conclusión, las ciencias se fijan en determinados aspectos de la realidad, pero no llegan, por así decir, al fondo último de las cosas. No llegan al fondo último de las cosas, ni pretenden llegar, porque no es esa su misión. Esto es lo que queríamos decir cuando afirmábamos que la Filosofía busca “las últimas causas”. La radicalidad, el interés por el qué es en último término algo, y no meramente cómo funciona, o cómo se desarrolla, la pregunta por el porqué último de las cosas es lo que diferencia una pregunta filosófica de las preguntas de las demás ciencias. Pero además hay aún otra diferencia: y es que podemos “filosofar” sobre cualquier aspecto de la realidad. No tenemos por qué ceñirnos al mundo de las transformaciones de unas sustancias en otras, como hace la química, o al cómo lograr la salud del cuerpo humano, o a las alteraciones genéticas, o... Podemos plantearnos preguntas filosóficas sobre cualquier aspecto de la realidad, y preguntarnos qué es, en último término el hombre, qué es el conocimiento y si podemos decir que un animal o una máquina conocen, qué nos distingue de estos seres, de los animales y de las máquinas, etc. Es más, podemos también preguntarnos no sólo por un aspecto de la realidad (por el hombre, por los seres vivos, por si existe algo distinto a la realidad material que percibimos,...) sino que también podemos preguntarnos por toda la realidad a la vez. Podríamos, por ejemplo, preguntarnos que por qué hay seres y no más bien la nada: es decir si el mundo requiere una causa que lo explique o bien se basta a sí mismo y no necesita más explicaciones. O también nos podemos plantear si la realidad es tal y como la percibimos, o si estamos sumidos en un 9 sueño, un engaño o una manipulación. Podemos plantearnos si existe alguna verdad, algo de lo que podamos estar completamente seguros, si podemos descubrir cuál es el sentido de nuestra vida, pues hay quien dice que carece de él.... Aunque puedan sonar a preguntas un tanto curiosas, son cuestiones que lleva el ser humano consigo. Preguntas por el sentido y la totalidad de la vida. Que nos planteemos estas cuestiones no nos garantiza que las vayamos a responder. Tal vez obtengamos respuestas que nos traerán nuevas preguntas, No hay “aparatos de filosofar”, no existen los “termómetros de filosofía”. Si eso fuera posible, muchas de las tareas filosóficas serian relativamente más sencillas. Pero hay muchas cosas que no se pueden encerrar en un laboratorio (recuerda el ejemplo del beso) y no por eso son menos importantes o menos reales. Más bien quiere decir que el microscopio tiene un límite, y hay aspectos de nuestra vida que no se resuelven con ecuaciones. Recapitulando: hemos visto que la filosofía es un conocimiento sobre cualquier aspecto de la realidad por sus últimas causas. Para filosofar, como para realizar cualquier tarea científica, es necesaria la admiración: no conformarnos con lo que aparece de la realidad, descubrir lo asombroso que es que las cosas sean tal y como son.

Libro: Introducción a la filosofía
Autor: Javier Sánchez-Collado

http://elvelerodigital.com/apuntes/filosofia/jsc_filosofia.pdf

GLOSARIO

Muggles: Se denomina muggle al ser humano que no tiene ninguna habilidad mágica.

Smugle: pasar de contrabando

lunes, 17 de junio de 2013

La Netetiqueta. 

Las normas de netiqueta se pueden comparar con las normas de urbanidad de los internautas.
Las reglas de etiqueta son las normas básicas para comportarse debidamente ante otras personas y deben ser respetadas para una convivencia social sana. La Internet es una sociedad virtual donde se debe seguir reglas para una socialización adecuada, a esas normas se les llama netetiqueta.

La netetiqueta es el conjunto de reglas que regulan el comportamiento de un usuario en un grupo de noticias, una lista de correo, un foro de discusiones.

Algunas reglas

  1. trate a los demás como a usted le gustaría ser tratado. Participe siempre con educaciòn. Las faltas de respeto repetidas pueden ser causa de expulsión del grupo.
  2. Piense antes de escribir y evite frases que puedan resultar ofensivas desde los puntos de vista de religión, raza, pol`tica o sexualidad. Recuerde que Internet es global y diferentes culturas tienen diferentes costumbres.
  3. Cuando elabore un mensaje relèalo antes de enviarlo y pregúntese cual sería su reacción si lo recibiera.
  4. Cuide las reglas de ortografía. No està de màs cuidar tildes. De otra manera puede hacer el mensaje confuso.
  5. No abuse de las mayúsculas. En la Red se considera “gritar” (a nadie le gusta que le consideren un mal educado por hablar a voces) y además, dificulta la lectura. Escribir todo el mensaje en mayúsculas lo hace extremadamente difícil de leer.
  6. Evite el empleo de letras por sonidos (como “k” por “q”, o lenguaje grosero.
  7. Cite el autor. Respete el derecho de Autor.
  8. Salude y despídase 
http://tecnologia.elpais.com/


  1. Por què considera importante la netetiqueta?
  2. Què otras reglas considera importante para interactuar sanamente en la red?

lunes, 6 de julio de 2009

TALLER 2_LA EDAD MODERNA

TALLER 2- FILOSOFÍA GRADO 11
TERCER PERIODO

LA EDAD MODERNA: La nueva forma de pensar. Surgimiento de la burguesía comercial. Deseo de viajar, explorar y descubrir los secretos de la naturaleza. Renacimiento.
Surge la Ciencia. Problema acerca del Método más apropiado para dominar la naturaleza y ponerla al servicio del Hombre. Corrientes metodológicas: Racionalismo – Empirismo.

Pensadores o filósofos:
1. René Descartes: Duda Metódica. El “Yo pensante”. La “Existencia” y “Dios”; La Substancia. Pienso, luego existo.
2. Francis Bacón. Método inductivo. Ídolos

ACTIVIDADES:

1. CONSULTE LOS ENLACES QUE SE REALCIONAN A CONTINUACIÓN
2. ELABORE UN RESÚMEN SOBRE EL PENSAMIENTO DE RENE DESCARTES (Máximo 2 hojas tamaño carta)
3. EN GRUPO DE CUATRO ESTUDIANTES ELABORE UNA PRESENTACIÓN EN POWER POINT. (Máximo 10 diapositivas). La presentación debe contener: imagen-texto y sonido. Se debe enviar al siguiente correo: jersoca56@yahoo.es

CONSULTA BIBLIOGRAFICA

1. LA DUDA METODICA



2. cogito, ergo sum


3. HIPOTESIS DEL SUEÑO


4. Dualismo antropologico
http://www.e-torredebabel.com/Historia-de-la-filosofia/Filosofiamedievalymoderna/Descartes/Descartes-DualismoAntropologico.htm


5. Dualismo ontologico (substancia)


6. Res Cogitans Y RES EXTENSA

http://www.e-torredebabel.com/Historia-de-la-filosofia/Filosofiamedievalymoderna/Descartes/Descartes-ResCogitans.htm





8. EL GENIO MALIGNO